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imperfecto, ¿cómo puede ser imperfecta la obra de un
Dios perfecto, y más aún tratándose del hombre? Pero
si era perfecto, ¿cómo traspasó el mandato? Nuestra
respuesta es que no fue creado perfecto en su
constitución, pero si dispuesto para recibir la
perfección. Hay cierta diferencia entre tener capacidad
para la virtud y poseerla. Dios quiere que nos
salvemos por nosotros mismos, pues ésta es la
naturaleza del alma, la de poder moverse por sí
misma… todos, como he dicho, están hechos para
alcanzar la virtud. Lo que sucede es que unos se
entregan más, y otros menos al aprendizaje y a la
práctica de la misma. Clemente de Alejandría (195
d.C.)
V. Como predicaban la salvación
Existen dos caminos, entre los cuales, hay gran
diferencia; el que conduce a la vida y el que lleva a la
muerte. He aquí el camino de la vida: en primer lugar,
Amarás a Dios que te ha creado; y en segundo lugar,
amarás a tu prójimo como a ti mismo; es decir, que no
harás a otro, lo que no quisieras que se hiciera
contigo. He aquí la doctrina contenida en estas
palabras: Bendecid a los que os maldicen, rogad por
vuestros enemigos, ayunad para los que os persiguen.
Si aman a los que los aman, ¿qué gratitud merecerán?
Lo mismo hacen los paganos. Al contrario, amen a los
que los odian, y no tendrán ya enemigos. Absténganse
de los deseos carnales y mundanos. Si alguien te
abofeteare en la mejilla derecha, vuélvele también la
otra, y entonces serás perfecto. Si alguien te pidiere
que le acompañes una milla, ve con él dos. Si alguien
quisiere tomar tu capa, déjale también la túnica. Si
alguno se apropia de algo que te pertenezca, no se lo
vuelvas a pedir, porque no puedes hacerlo. Debes dar
a cualquiera que te pida, y no reclamar nada, puesto
que el Padre quiere que los bienes recibidos de su
propia gracia, sean distribuidos entre todos… He aquí
el segundo precepto de la Doctrina: No matarás; no
cometerás adulterio; no prostituirás a los niños, ni los
inducirás al vicio; no robarás; no te entregarás a la
magia, ni a la brujería; no harás abortar a la criatura
engendrada en la orgía, y después de nacida no la
harás morir. No desearás los bienes de tu prójimo, ni
perjurarás, ni dirás falso testimonio; no serás
maldiciente, ni rencoroso; no usarás de doblez ni en
tus palabras, ni en tus pensamientos, puesto que la
falsía es un lazo de muerte. Que tus palabras, no sean
ni vanas, ni mentirosas. No seas raptor, ni hipócrita, ni
malicioso, ni dado al orgullo, ni a la concupiscencia.
No prestes atención a lo que se diga de tu prójimo. No
aborrezcas a nadie; reprende a unos, ora por los otros,
y a los demás, guía les con más solicitud que a tu
propia alma. Ni tengas celos, ni seas pendenciero, ni
irascible; porque todas estas pasiones engendran los
homicidios. Hijo mío, no te dejes inducir por la
concupiscencia, porque lleva a la fornicación. Evita
las palabras deshonestas y las miradas provocativas,
puesto que de ambos proceden los adulterios. Hijo
mío, no consultes a los agoreros, puesto que conducen
a la idolatría. Hijo mío, no seas mentiroso, porque la
mentira lleva al robo; ni seas avaro, ni ames la
vanagloria, porque todas estas pasiones incitan al
robo. Hijo mío, no murmures, porque la murmuración
lleva a la blasfemia; ni seas altanero ni malévolo,
porque de ambos pecados nacen las blasfemias. Sé
humilde, porque los humildes heredarán la tierra. Sé
magnánimo y misericordioso, sin malicia, pacífico y
bueno, poniendo en práctica las enseñanzas que has
recibido. No te enorgullezcas, ni dejes que la
presunción se apodere de tu alma. No te acompañes
con los orgullosos, sino con los justos y los humildes.
Acepta con gratitud las pruebas que sobrevinieren,
recordando que nada nos sucede sin la voluntad de
Dios. Didaché (80-140 d.C.)
Dos caminos hay de doctrina y de potestad, el
camino de la luz y el camino de las tinieblas. Ahora
bien, el camino de la luz es como sigue: Si alguno
quiere andar su camino hacia el lugar determinado,
apresúrese por medio de sus obras. Ahora bien, el
conocimiento que nos ha sido dado para caminar en él
es el siguiente: Amarás a Aquel que te creó, temerás al
que te formó, glorificarás al que te redimió de la
muerte. Serás sencillo de corazón y rico de espíritu.
No te juntarás con los que andan por el camino de la
muerte, aborrecerás todo lo que no es agradable a
Dios, odiarás toda hipocresía, no abandonarás los
mandamientos del Señor.. No te exaltarás a ti mismo,
sino que serás humilde en todo. No te arrogarás a ti
mismo la gloria. No tomarás mal consejo contra tu
prójimo. No consentirás a tu alma la temeridad. No
fornicarás, no cometerás adulterio, no corromperás a
los jóvenes. Cuando hables la Palabra de Dios, que no
salga de tu boca con la impureza de algunos. No
mirarás la persona para reprender a cualquiera de su
pecado. Serás manso, serás tranquilo, serás temeroso
de las palabras que has oído. No le guardarás rencor a
tu hermano… Bernabé (150 d.C.)
Por tanto, no sólo le llamemos Señor, porque esto no
nos salvará; porque Él dijo: No todo el que me llama
Señor, Señor, será salvo, sino el que obra justicia. Así
pues, hermanos, confesémosle en nuestras obras,
amándonos unos a otros, no cometiendo adulterio, no
diciendo mal el uno del otro, y no teniendo celos, sino
siendo templados, misericordiosos y bondadosos. Y
teniendo sentimientos amistosos los unos hacia los
otros, y no siendo codiciosos. Con estas obras le
hemos de confesar, y no con otras. Y no hemos de
tener temor de los hombres, sino de Dios. Por esta
causa, si hacéis estas cosas, el Señor dice: Aunque
estén unidos a mí en mi propio seno, si no hacen mis
mandamientos, yo les echaré y les diré: Apártense de